TALLER

 



El taller abre tempranito en la mañana, trato que no haya quedado desordenado el día anterior, para comenzar a trabajar desde la primera hora... pero no siempre se logra.  Muchas veces, por no decir casi siempre, el caos sirve de meditación, el recuperar el orden es una forma de volver a respirar y estar conciente del próximo libro que saldrá.

Como muchas veces lo he dicho, "voy libro por libro".  Si bien hay días solo de tejido de tapas o corte de hojas (este es otro trabajo meditativo...), con cada pedido que ingresa, me convierto en hacedora 24/7 de la historia de esa persona.

El proceso de confección del libro comienza por una entrevista de una hora aproximadamente con "la protagonista", desde su fecha de nacimiento, realizo su MUYU MUYU, su rueda de personajes; ese pequeño y maravilloso dato del momento exacto en que llegó a esta tierra, está lleno de significados, de secretos guardados cuidadosamente para salir a la luz, para su más absoluta plenitud... y entonces se produce la magia, nace su cuento, su espejo del alma, para que sea leído cada vez que ella necesite volver a mirarse, reencontrarse, reconciliarse con cada una de sus bellas y complejas partes.

Cada MUYU MUYU tiene como mínimo dos lenguajes, el de las palabras, que en la mayoría de los casos, es entendido por todos (ya veremos que no siempre es así), y el de los colores, que guardan mucha información para el contexto.



Las tintas son mis hilos, incluso aún guardo unos pocos carreteles que fueron de mi abuela Mary, bordadora de profesión, que llegó de España con 8 años y directito fue al taller con sus tías y primas a sumar mano de obra para la delicada labor de elaborar manteles bodados, camisas, vestidos, cortinas... su arte era el bordado final de la obra.






EL TALLER EN UNA VALIJA

A veces guardo el taller en una valija, y lo saco a pasear.

Esos momentos son mágicos, ocurren cosas que nadie podría imaginar, nacen amistades nuevas, surgen maestras o maestros que no imaginaban que lo eran, se conversa, se respira, nos reímos y lloramos, nos felicitamos por habernos animado a contar una parte de nuestra historia que creíamos olvidada o que no podíamos nombrar.

Tejer, bordar, contar en comunidad es una tarea de crecimiento incalculable, la luz se convierte en bálsamo y la sombra ya no duele tanto.

Sacar el Taller a pasear es uno de los regalos que yo me hago, cuando necesito recordar quién soy.


















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